4. Relaciones entre Estados Unidos y Cuba en la era Biden

Progreso Semanal

[Nota del editor: El Cuba Study Group el martes (16/2/2021) publicó un documento que “presenta un renovado argumento para una política de acercamiento con Cuba“. A continuación, Progreso Semanal les ofrece su resumen ejecutivo. Para obtener el informe completo, le recomendamos que haga clic aquí y visite la página web del Grupo de Estudio de Cuba.]

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Este documento presenta un renovado argumento para una política de acercamiento con Cuba como la mejor manera de que Estados Unidos fomente sus intereses nacionales, reafirme su liderazgo regional, consiga reducir la resistencia a las reformas dentro del gobierno de Cuba y promueva un futuro más libre y próspero para el pueblo cubano.

 

También se argumenta que Estados Unidos debe continuar destacando la ausencia de democracia en Cuba y apoyando a los actores de todo el espectro de la sociedad cubana que trabajan para garantizar más libertades económicas y cívicas en la isla.

 

Estados Unidos y Cuba deben aprender tanto de los éxitos como de las oportunidades perdidas durante su último período de distensión. Mientras el Presidente Joseph R. Biden Jr. apunta a cumplir su promesa de volver a una política de acercamiento con Cuba, ambos países deben esforzarse por lograr que la normalización de las relaciones se fortalezca lo suficiente para blindar los avances logrados contra los ciclos políticos impredecibles.

 

Lograrlo requerirá que ambos gobiernos negocien acuerdos de cooperación y faciliten arreglos económicos entre sus sector privados que puedan consolidar suficientemente las relaciones diplomáticas y la integración socioeconómica entre los dos países. En muchos casos, el progreso solo se logrará a través de políticas individuales pero paralelas, que reduzcan la exposición a las sanciones codificadas del embargo estadounidense y generen el espacio político necesario para que el Congreso de Estados Unidos las levante. Para Cuba, esto significa aprovechar los próximos cuatro años para promover una liberalización significativa de su economía y garantizar mayores derechos para los cubanos tanto en su país como en el exterior. Para Estados Unidos, significa abandonar su política centrada en el cambio de régimen y permitir que el futuro de Cuba sea determinado por y entre los propios cubanos.

 

Esto puede parecer una tarea abrumadora, pero las condiciones aún son propicias para alcanzar avances diplomáticos significativos entre los históricos adversarios de la Guerra Fría. Los efectos devastadores de la pandemia de Covid-19 han empujado a Cuba a reformar finalmente su sistema de doble moneda y comprometerse con una mayor liberalización del mercado.

 

Las autoridades cubanas tienen la oportunidad de hacer saber a sus ciudadanos, a la diáspora cubana y a Washington que por fin están dispuestos a introducir a su país al siglo XXI. Pero un seguimiento efectivo es menos probable si se sigue considerando que Estados Unidos intenta valerse de la crisis para mantener sanciones generales con la ilusión de que Unidos intenta valerse de la crisis para mantener sanciones generales con la ilusión de que una mayor presión hará quebrar al gobierno cubano.

 

Por lo tanto, recomendamos que la administración Biden adopte un una estrategia de múltiples vías para devolver las relaciones bilaterales de inmediato a una ruta más constructiva, recuperar el control del discurso, e incentivar más reformas en Cuba.

 

El priorizar medidas tempranas que tengan un impacto claro y visible en la vida de los cubanos en la isla y en el exterior ayudará a restaurar el apoyo público a la política de acercamiento entre los cubanoamericanos. La nueva administración también debería, desde el principio, poner el mismo énfasis en abordar algunos de los problemas más insolubles que dividen a ambos gobiernos.

 

Vía 1: Restaurar El Apoyo Al Pueblo Cubano Como Prioridad Política Y Reconstruir La Confianza

 

  1. Revertir políticas que han perjudicado indebidamente al pueblo cubano. Esto incluye, entre otras, levantar las restricciones a los vuelos comerciales y chárter, poner fin a los límites de remesas, restablecer los servicios consulares en Cuba, reiniciar el Programa de Reunificación Familiar para Cubanos, restablecer la visa de entrada múltiple de cinco años para ciudadanos cubanos y revisar las regulaciones financieras y bancarias para garantizar la continuidad de las transferencias formales de las remesas y las operaciones bancarias en Cuba.

  2. Restaurar el apoyo al sector privado cubano como política prioritaria.

  3. Reanudar y reforzar la cooperación en salud pública con Cuba para combatir la pandemia de Covid-19.

  4. Restaurar y fortalecer las relaciones diplomáticas a nivel de trabajo mediante el nombramiento de un embajador para liderar la Embajada de Estados Unidos en La Habana (o un encargado de negocios con rango de embajador, si fuera poco probable que el Senado confirme un nombramiento de embajador); la iniciación de conversaciones bilaterales para volver a dotar de personal a las embajadas de Estados Unidos y Cuba, con garantías de seguridad; y la reanudación de la cooperación bilateral en temas de seguridad nacional.

  5. Implementar medidas adicionales que fomentan la confianza—como ordenar una revisión apolítica inmediata de la redesignación de Cuba como Estado Patrocinador revisión apolítica inmediata de la redesignación de Cuba como Estado Patrocinador del Terrorismo, actualizar y restaurar la Directiva de Política Presidencial de 2016 “Normalización Estados Unidos-Cuba,” y una vez más renunciar al Título III de la Ley Helms-Burton—y así mejoran el clima para superar los impedimentos a la normalización de mayor perfil y a más largo plazo, como los identificados en la Vía 2.

  6. Crear, a través de eventos públicos periódicos, consultas privadas y visitas oficiales al sur de Florida, mecanismos de retroalimentación mediante los cuales la administración Biden pueda involucrar a la comunidad cubanoamericana en la política hacia Cuba y obtener a cambio aportes de una diversidad de líderes y miembros de la comunidad cubanoamericana.

 

Vía 2: Afrontar los “temas difíciles” y hacer que la normalización se arraigue mediante la diplomacia directa de alto nivel

a. Designar a un Representante Especial para Cuba o a otro funcionario gubernamental de alto nivel para negociar acuerdos de cooperación, arreglos económicos entre los sectores privados de ambos países y hojas de ruta para resolver disputas de larga data entre Estados Unidos y Cuba, con el objetivo de profundizar los lazos socioeconómicos. En particular,

avances tangibles en las negociaciones sobre las reclamaciones de propiedad, la crisis venezolana, y el comercio del sector privado pueden generar impulso y cambiar el cálculo político en el Congreso con respecto a la normalización de relaciones.

 

Vía 3: Responder a la apertura con apertura

 

  1. A medida que el gobierno cubano se encamine hacia el reconocimiento de derechos más amplios para sus ciudadanos y nacionales, y abra oportunidades para la inversión directa de EE. UU. y la diáspora, responder con aperturas económicas estadounidenses permitidas por la autoridad ejecutiva.

  2. Junto con el progreso logrado en la Vía 2 y/o la Vía 3(a), buscar el apoyo del Congreso para derogar sanciones codificadas y contraproducentes contra Cuba, así como para crear otras iniciativas que amplíen las formas de asistencia y apoyo de Estados Unidos al pueblo cubano más allá de la promoción de la democracia.

Cuba, por su parte, debe superar la resistencia interna a una relación más abierta con Estados Unidos y estar dispuesta a hacer cambios que salvaguarden la relación bilateral independientemente del partido político estadounidense que esté en el poder. El gobierno cubano se ha opuesto durante mucho tiempo a las demandas de concesiones relacionadas con sus asuntos internos o su política exterior. Sin embargo, la normalización se beneficiaría de un menor énfasis en el proceso y un mayor énfasis en los resultados. Ya sea que Cuba dé pasos para garantizar mayores libertades económicas y ciudadanas como resultado de negociaciones bilaterales o de reformas internas, el hecho es que debe darlos si desea liberarse de las vicisitudes de la política estadounidense. Basándose en el principio de que no comprometerá su soberanía, Cuba puede y debe realizar reformas internas que sean de interés para el pueblo cubano y que tengan el beneficio consecuente de allanar un camino sostenible hacia la plena normalización de las relaciones con Estados Unidos.

 

Un progreso significativo en las relaciones entre el estado y su diáspora, la inversión legal en el sector privado de la isla y la garantía de mayores derechos para todos los cubanos a participar en los asuntos económicos, políticos y públicos de su país reduciría sustancialmente la exposición de Cuba a la dinámica de la Ley Helms-Burton y otras leyes de embargo.

También ayudaría a generar el impulso político necesario para que el Congreso de Estados Unidos revoque estos estatutos de una vez por todas. La realidad política requiere movimiento y energía de ambos lados para lograr un acercamiento más duradero que pueda soportar más pruebas de tensión en la relación, que seguramente surgirán en el camino.

 

Después del año 2020, el plazo para lograr un progreso significativo hacia la normalización total de las relaciones podría ser finito, y los costos de no hacerlo podrían ser graves. No lograr que las relaciones se mantengan en esta ocasión podría atrincherar a otra generación de cubanos y cubanoamericanos a ambos lados del Estrecho de Florida en patrones

prolongados de sospecha y hostilidad mutuas

© APICALTERNATIVA- Año: 2021- Revista:  MARZO 2021