5.    Vladimir Acosta: “El Monstruo Se Maquilla” Y Nosotros Oscilamos Entre El Perecer O La Evasión

Eligio Damas

               Es a todas luces cierto lo que dice mi viejo amigo y compañero de los tiempos mozos, grandes retos y dificultades, Vladimir Acosta, en su artículo “El monstruo se maquilla”, inserto ahora en Aporrea, “Al fin con Trump fuera del poder, el Monstruo que es el Imperio estadounidense inicia con Biden un nuevo y urgente maquillaje, tratando de recobrar su imagen mundial y buscando de nuevo que ese barniz ilusione a América Latina.”

                Algo de eso hemos venido diciendo cuando hablamos particularmente de lo que podría venir para Venezuela en la etapa Biden, que si bien, sólo sería un efecto del “maquillaje”, no dejaría de ser un cambio, aunque sea de forma, aparente y hasta transitorio. Para el capitalismo y particularmente para EEUU, no es sustancial ni prioritario que, el gobierno actual de Venezuela, desaparezca o se mantenga, le es suficiente que también se maquille, eso sí, que los pegotes que se ponga en el rostro sean de lo más grueso y hasta cambiantes, en fondo y forma, que a ellos satisfaga. Hasta pudiera suceder que la vida nuestra mejore, pero las cosas, en lo determinante, seguirán aconteciendo de la misma manera, como que intentarían sigamos jugando el mismo rol, el de servir al capital externo. Y no veo fuerza de cambio para impedirlo, después de haber botado tantas oportunidades, apoyos individuales y de clase, recursos y fuerza moral. Y las clases dominantes siguen siendo las mismas, en buena medida, esas que compran cachivaches en un dólar para revenderlos en 10.

             La historia del capitalismo y de los intereses estadounidenses en Chile, por sólo citar un ejemplo, ha mostrado que han sido igualmente ventajosos para ellos, en el fondo, lo sustancial y simple formalidad, todos los gobiernos posteriores al de Salvador Allende. Con el mismo fervor que apoyaron a Pinochet, lo hicieron con quienes luego han pasado por el Palacio de la Moneda, incluyendo a quienes llegaron allí por el Partido Socialista chileno, el de el médico mártir.

             Cualquier estudio hecho del modelo capitalista y norteamericano desde una perspectiva crítica que se lea, abundan muchos, entre ellos el de el mismo amigo Vladimir Acosta, “El Monstruo y sus entrañas” rebela el grado de descomposición y deterioro del sistema. Y como el mismo autor reconoce en ese mismo texto “Existe, ciertamente, una importante minoría de latinoamericanos que conoce bien, y puede decirse que, a fondo, la parte de la política exterior estadounidense referida a sus agresiones, golpes de Estado e invasiones a nuestros países.”  Y admite, en tanto como que dice en el artículo primero citado, “El monstruo se maquilla” “Esa crisis no es sino la decadencia inevitable de un Imperio soberbio y arrogante que empieza a mostrar su lento pero imparable derrumbe, su putrefacción interna y su necesidad de un cambio profundo que nadie va a intentar. Y es que los Imperios se pudren, la decadencia los hace más peligrosos y no es raro que apelen a la guerra aprovechado el enorme poder que conservan pese a esa creciente decadencia.”

          El economista norteamericano Robert Gordon ha dicho que “el bajo

crecimiento se instalaría en Estados Unidos durante los próximos veinticinco años como consecuencia del descenso de la productividad, el envejecimiento de la población, el elevado nivel de endeudamiento y la desigualdad creciente.”

          Hay autores como Paul Mason que aseguran que el capitalismo incluso ha entrado en una etapa en la que pierde su capacidad de adaptabilidad y se preanuncian distintas formas de cambios. Y es por demás sustentable la idea que, las fuerzas capitalistas pudieran optar por desatar distintas formas de guerra, a manera de prolongar su vida, provocando ciertos reacomodos, como acabar con buena parte de la humanidad y generar nuevas necesidades y demandas.

          Todo eso lo entendemos al leer a gente talentosa como los personajes que hemos mencionado, a mi amigo Vladimir Acosta y otros más.

          Para nosotros, de poco talento e información, pareciera estar claro desde hace muchos años, sobre todo a partir de conversaciones con los viejos amigos que tuvimos en el MIR,  para la especie humana, más allá de los intereses de clases y el romanticismo, con todo lo que esto envuelve,  ya se está planteando de manera demasiado clara, como no lo era en aquellos, los viejos tiempos de nuestra mocedad, la necesidad de remplazar el modelo capitalista, por un asunto trascendente como la conservación, “reparación y mantenimiento” del planeta y la supervivencia de la especie.

          El asunto de la acumulación de capital, riqueza sin límite, no está sujeto solo a la explotación al máximo de los trabajadores y la expansión de la miseria y la pobreza, sino a la destrucción del planeta y algo de lo que poco se habla, como la descomposición o deshumanización del ser humano, lo que pasa por incentivar el odio, xenofobia, racismo, homofobia, etc. El capitalismo, cualquiera sea su rostro, fundamentado en la idea de producir la máxima ganancia, poco interés presta a la defensa del planeta lo que necesariamente es lo mismo con respecto al hombre y la vida toda. La solidaridad, para el modelo, es un defecto o enfermedad que le es necesario extirpar.

         Hemos dicho todo lo anterior, como una especie de confesión y hasta juramento, para dejar constancia de nuestra posición a favor de nuevas formas de producción, modelos y en consecuencia contra el imperialismo, sin importar su cara o el disfraz que se ponga y las formas productivas que agreden al planeta para alcanzar el máximo de ganancia, lo que implica someter a los países que se quedaron atrás y dejaron que sus fuerzas productivas y sus recursos quedasen bajo el control de aquellos que alcanzaron alto desarrollo.

        Y hemos dicho eso, porque en la Venezuela de hoy, en ciertos ámbitos, se pareciera pretender imponer la idea que el gobierno de Venezuela representa la idea contraria a la forma capitalista de producción y, que sus ejecutorias, son algo muy próximo al ideal para enfrentar al imperialismo. De donde uno debería sentirse como “obligado”, pese hasta nos ignoren y den malos tratos, como trabajadores que somos, a hacer causa común con el gobierno a riesgo de hacerle la comparsa al imperialismo, la CIA y EEUU.

          Pero hay algo más grave, como que intentan imponer que luchar por aquello que Chávez, llamó el buen vivir, dicho así, para como solíamos decir en Cumana, “ponerle a nuestro gallo las mismas espuelas que le ponen al contrario”, lo que pasa por luchar ahora por un salario digno, sin dejarse enredar por quienes han malbaratado y desperdiciado recursos y oportunidades por ineptos y los corruptos nacidos en las mismas filas, quienes intentan vender la falsa idea que eso estaría en contradicción con la lucha contra el capitalismo y el imperialismo.  De donde ellos pontifican, de manera casi infantil, por la idea o el maniqueísmo, según el cual, quien reclame por los salarios y denuncie de manera crítica y honrada todo lo malo que el gobierno representa, es lo mismo que ponerse al servicio del capital y el imperialismo.

         Es usual que cualquier “recién vestido” de revolucionario y supuestamente al servicio de las luchas contra el imperialismo y el capitalismo, ni dude en calificar de enemigo de ellas a cualquiera por mal calificar al gobierno de Venezuela. 

          Estamos siendo chantajeados o por lo menos eso se intenta, con lo del imperialismo y la decadencia del capitalismo, lo que tampoco quiere decir que está muerto, sino entra en un período que para cambiarlo se requiere mucho empuje, talento, profundos y dinámicos cambios a su interior y sobre todo entender que, es una tarea de la sociedad toda y en particular, de los trabajadores y no del Estado y menos quienes se suponen ungidos por la providencia. Y esto, chantajear, es lo que se ha pretendido hacer contra Figuera, el del PCV, por el sólo hecho de hacerse portavoz de un reclamo justo, al margen de las intenciones íntimas de cada quien, como lo es el relativo al salario. 

         Y es que el denunciar al imperialismo y al capitalismo no puede ser eso que, en las corridas de toros, llaman el burladero para, desde él, hacer o dejar de hacer, incluso hasta en la forma de enfrentar aquello y someter al pueblo a privaciones inimaginables para que quienes miran desde lejos, esos amigos y compañeros de buena fe, desde el exterior, fundamentados en el discurso oficial, que oculta todo lo malo y deficiente y hasta sus inhibiciones, pero escudándose en las sanciones de EEU, de manera automática, acrítica y hasta infantil, se solidaricen con el gobierno. No puede, ni debe servir ese elaborado discurso, para convalidar a gobierno alguno, convertido en protector de mafias capitalistas que explotan sin par a los trabajadores que reciben el más bajo salario de toda América Latina, incapaz de implementar acción alguna para sacar a Venezuela de la crisis en la que está sumido, que basta decir al borde de un precipicio. 

            Tanto como para que, según entes competentes, relacionados con los gremios de distinta naturaleza, incluyendo médicos, enfermeros y docentes, hablan de cifras de trabajadores, hasta aproximadas del 60 %, han abandonado el país, pese las limitaciones e impedimentos puestos por la pandemia y las altas, casi gigantescas cifras en bolívares y dólares que cobran para sacar un pasaporte, lo que sería como poner a lo largo de la frontera una altísima e insalvable cerca. Sin dejar de mencionar la extrema precariedad del servicio de salud, lo que para describirlo basta decir que en ese sentido estamos casi desasistidos. Tanto que en el servicio público especializado casi no existe y, quienes lo prestan de manera privada, cobran cifras hasta de 150 dólares por consulta, cuando el salario mínimo es menor de un dólar mensual.

          Y ante este drama, uno no puede ocultarse detrás del fenómeno de la descomposición del capitalismo, de la actitud persistente y necesaria  contra el imperialismo y las fuerzas que están destruyendo el planeta, la especie huma, la vida toda y callar frente a todo lo malo que Venezuela sufre, para que no nos cierren oportunidades ni dejen de denunciarnos como agentes del capital, los imperialismos y de la CIA, mientras hoy espero que me depositen mi jubilación quincenal que no llega a 5 dólares y mi hambre de todo, comida, medicinas y hasta la pérdida del afecto de la gente que le huye a la pobreza cada día crece.

          Por supuesto, bien sé que, Vladimir Acosta, es de esos hombres a quienes Berthold Brecht, llamó los “imprescindibles”, que “luchan toda la vida” y, en su trabajo, intenta advertir a quienes ansían encontrarse una “pajarita preñada”.

© APICALTERNATIVA- Año: 2021- Revista:  MARZO 2021