5.En La Cultura Milenaria Hay Advertencias Que Muchas Veces No Les Hemos Hecho Caso.

Félix Sautié Mederos

LA ESPIRITUALIDAD PROHIBIDA No. 533.

 

Releyendo el Apocalipsis. Su verdad sin pánico ni “apocalipsismo”; apocalíptico… Los alarmistas y los trágicos sobran porque hacen mucho daño y no ayudan en nada.

De lo que he visto, de lo que he vivido, de lo que pienso y creo

Félix Sautié Mederos

En estos aciagos días de Pandemia, cada mañana cuando me despierto se me produce un choque entre lo onírico de mis sueños mientras duermo y la realidad en que me despierto; para mí tan inusitada, que me parece una proyección mágica de todo mi entorno. Entonces, me golpeó la cabeza como buscando despertar de nuevo; pero enseguida comprendo que la realidad pura y dura es la de la Pandemia y que lo demás son sensaciones todavía oníricas que pujan por sacarme de lo real que rechazo y que incluso no quiero que esté sucediendo. Lo confieso sin ambages; y pienso, que quizás algunos estén experimentando también esas sensaciones y las rechacen y/o no quieran reconocerlas ni mucho menos mencionarlas y menos aún atreverse a publicarlas. Por fin, despierto plenamente; y me parece mentira, que estemos confinados a merced de un virus como todos microscópico. Pero esa es la verdad existencial del momento, de la que no podemos huir ni siquiera en el campo de lo virtual, porque hacerlo podría costarnos muy caro en lo individual e incluso también fatídico para el medio en que nos encontramos enclavados. Todos sin excepción estamos llamados a combatirlo.

Estos en consecuencia, pueden ser momentos propicios, para las búsquedas conceptuales del significado de la vida con entre otras cosas las lecturas y la reflexión sobre el complicado mundo en que hemos estado y estamos viviendo, que generalmente nuestra agitada vida nos lo ha impedido apreciar con más dedicación. Las posibilidades que abren las lecturas, los estudios y la reflexión profunda, constituyen quizás una ventaja propicia que nos aporta el confinamiento; que no deberíamos desestimar,

Además, hay muchas experiencias, pronósticos y pensamientos de anticipación expresados en los viejos textos; a los cuales no se les ha hecho mucho caso por incultura, extremismos ateístas y esquematismos filosóficos. Puedo decir sin temor a equivocarme, que hemos tenido y tenemos delante las experiencias del pasado que, bien pudieran alertarnos sobre los presentes que hemos vivido, que vivimos en la actualidad y los futuros que tenemos por delante.

En este orden de pensamiento, quiero recordar que la cultura y la ciencia constituyen los más importantes tesoros que la humanidad ha podido acumular en el tiempo, porque el registro de lo que sucede, de lo descubierto y de lo que hemos creado, así como nuestras costumbres de vida y todo lo que compone la cultura que hemos ido manifestando en el tiempo, es un recurso esencial para la transmisión de lo alcanzado entre las generaciones que van surgiendo. Ha sido un factor básico del desarrollo de la humanidad desde la época de las cavernas hasta nuestro Siglo XXI de las nuevas tecnologías de la información en tiempo real y del surgimiento de la inteligencia artificial.

No quiero perder en divagaciones abstractas la oportunidad de mis testimonios de vida que publico con el exergo “De lo que he visto, de lo que he vivido, de lo que pienso y creo”. Por tanto, escribo, en estas circunstancias, al respecto de la actual situación de cuarentenas disciplinadas y luchas contra el Covid 19. En consecuencia, mi propósito en esta oportunidad, además del testimonio, es llamar la atención; y si se quiere, alertar sobre la necesidad de la lectura y del estudio de lo mucho que se encuentra acumulado en algunos de los viejos textos que se han atesorado en el tiempo. Considero, que podemos hacerlo, en nuestros días de la INTERNET y de la intercomunicación en tiempo real, aprovechando la oportunidad que nos brinda la cuarentena. Pienso que es muy importante hurgar en el pasado, en búsqueda de pistas que han marcado realidades existenciales de los presentes que vivimos en el decursar de la Historia Universal; con el objetivo ya enunciado por Carlos Marx desde hace muchos años, de irnos más allá de las interpretaciones filosóficas para plantearnos la necesidad de cambiar el mundo.

 

Quizás, las aciagas circunstancias del momento, podríamos interpretarlas como una oportunidad que nos ofrece la vida, que para algunos constituye un llamado mítico de la Madre Tierra en previsión de su posible destrucción final, para de la crisis sacar las grandes soluciones y las grandes transformaciones que tanto necesitamos. A eso concretamente es a lo que también, quiero referirme en lo adelante. Para mí el tiempo apremia, dado que el virus avanza y puede silenciarlo todo, comenzando por mi persona que es muy frágil por la edad y por mi diabetes galopante. Por eso, el ejercicio del pensamiento y especialmente del análisis, los considero una necesidad urgente e insoslayable; además en momentos en que estamos con tiempo suficiente, para planteárnosla en la tranquilidad de nuestras casas en cuarentena voluntaria y/o establecida.

En este orden de pensamiento, quiero comentar brevemente al respecto de mi relectura en estas circunstancias de un libro milenario, que forma parte de la Biblia que es EL APOCALIPSIS; al respecto del cual se han desarrollado mitos y creencias basadas en dogmáticas y literalistas interpretaciones, que muy poco o quizás en nada han facilitado sus verdaderas interpretaciones y su utilidad conceptual. Incluso se ha mal utilizado de forma muy inculta y sin una adecuada exegesis que es una práctica esencial de la hermenéutica del Nuevo Testamento, para pregonar lo que se ha denominado como una visión apocalíptica del mundo que en nuestras circunstancias puede tener consecuencias nefastas.

Lo que necesitamos como nunca antes es profundidad de juicio y suficiente sangre fría para enfrentar un enemigo invisible que avanza sobre el mundo. Los alarmistas y los trágicos sobran porque hacen mucho daño y no ayudan en nada. Por tanto, poner en su lugar que le corresponde al libro del Apocalipsis es imprescindible en mi opinión para neutralizar tales alarmismos.    No pretendo reseñarlo en su totalidad ni mucho menos; porque además ello daría suficiente material para un ensayo completo que no es el objetivo de mis testimonios de vida por el momento. Eso lo dejo para los especialistas que se dedican a estos menesteres. Lo urgente, hoy, en mi opinión hoy, es salirle al paso al uso indiscriminado de su contenido para crear alarmismos innecesarios y muy dañinos.

Concuerdo plenamente con lo planteado por el Presidente Miguel Díaz Canel, en su intervención en la reunión de análisis del trabajo para enfrentar la Pandemia de marras en el Palacio de la Revolución el día 7 de abril del 2020: “…vamos a vacunarnos también contra la desinformación y la neurosis que pueden generar las falsas noticias que están circulando en las redes, en los avisos apocalípticos...”.

Precisamente mi aporte a esa vacunación informativa es tratar de poner en su lugar lo planteado por El Apocalipsis; y enfrentar el mal uso y la incultura, de quienes lo mal utilizan para alarmar, crear dudas y desmovilizarnos de los que constituye nuestra principal responsabilidad del momento que es hacer disciplinadamente lo que a cada cual nos toca para ganarle la batalla de vida o muerte al Covid 19.

El momento es de lucha máxima, y en las guerras, menciono guerras porque eso es lo que estamos enfrentando con el Coronavirus de marras: sembrar dudas, plantear alarmismos y estar a la casa de la más mínima acción para siempre criticarla sin importar su justeza, son actitudes que pueden llegar a una acción muy dañina que siempre requiere tolerancia cero en tan dramáticas circunstancias.

Recuerdo que en el Instituto de Estudios Bíblicos y Teológicos el hoy desaparecido ISEBIT de Cuba, en el que me desempeñé durante varios años como profesor de Ética y de Cooperación al Desarrollo, elaboré un trabajo de análisis sobre el Apocalipsis, cuyo contenido lo he extraviado en el tiempo. Puedo decir pues, que este libro siempre me ha llamado mucho la atención. Es enigmático pero profundo. En este sentido opino que resulta muy necesario el ejercicio de la hermenéutica, exégesis en el caso del Nuevo Testamento, como ciencia de la interpretación de los viejos textos bíblicos ancestrales. Recuerdo y parafraseo, que en cierta ocasión el destacado intelectual cubano marxista histórico y comunista de muchos años, Carlos Rafael Rodríguez expresó que la Biblia era uno de los libros básicos de la Cultura Universal que siempre él salvaría ante cualquier incendio.

Comúnmente el termino Apocalipsis se asocia con el desastre y las crisis, pero en realidad su nombre está asociado con el término griego que significa revelación y anuncio profético. El Apocalipsis fue escrito en el denominado “lenguaje de todos los tiempos” que se expresa con términos y símiles creados sobre la base de la cultura en torno al año 95 de nuestra era; pero que siempre es posible interpretarlo, aunque ello requiere estudio y cultura filosófica hermenéutica para lograrlo adecuadamente. Es mi criterio, que buena parte de los viejos textos realmente no se han escrito por gusto. En las diversas sociedades y culturas, han sido concebidos por el esfuerzo de la voluntad humana de comunicarse con sus descendientes. Por lo general, con el propósito de expresarles pensamientos, ideas, descubrimientos, testimonios y anticipaciones que pueden resultarles de utilidad para que la vida no termine destruida por nosotros mismos, tal y como parece que el capitalismo neoliberal se ha propuesto en nuestra época. Esta epidemia, podría ser en mis pensamientos al respecto de lo que significa su sentido filosófico y sociológico, una advertencia existencial de lo que podría sucedernos si continuamos por el camino que íbamos.

Todo en realidad lo dificulta seriamente, el ateísmo vulgar, la falta de profundidad en los análisis filosóficos, unidos con el dogmatismo que muchas veces se convierte en un fanatismo inculto y dañino para quienes lo ponen en práctica, así como para el entorno en que ellos se desenvuelven. Por otra parte, tenemos que se han desarrollado en algunas comunidades intelectuales y científicas un cierto prejuicio al estudio y la interpretación de estos textos ancestrales. Las principales culturas que conocemos, tienen sus libros básicos; y considero que acercarnos a ellos, leerlos, estudiarlos y buscar interpretaciones son manifestaciones importantes de un alto valor cultural, científico, filosófico, antropológico, sociológico e incluso histórico.

También debo significar que, últimamente, se están manifestando señales muy interesantes, que deberíamos tenerlas muy en cuenta e interpretarlas adecuadamente, referidas a los cambios del clima que se están presentando sobre las grandes ciudades del mundo, descongestionadas en estos momentos por la detención de las actividades expoliadoras del planeta. Paralización que las cuarentenas han determinado en las producciones industriales, en los transportes contaminantes y en general por la no quema de combustibles fósiles. Todo lo cual cada vez más está hipotecando el futuro que tenemos por delante; y que actualmente como consecuencias de las cuarentenas han disminuido sensiblemente. Esos son signos muy importantes para interpretar.

En realidad, en el corto espacio que poseo, no podría referir un reporte de lectura adecuado de un libro tan complejo y, en consecuencia; por eso, a continuación, me referiré solo a algunos rasgos que pienso son muy esenciales y que considero de alerta muy útil para prever la destrucción del planeta que con tanta inconsecuencia estamos perpetrando. Debo decir pues, al respecto de la lectura y el estudio del Apocalipsis, que debemos percibir un principio importante de interpretación en los mensajes que anunciaba a las iglesias para los cuales fue escrito. Las iglesias, se refiere a las comunidades cristianas primitivas que existían en los momentos en que fue escrito. Sus referencias a Roma son claras: ‘las siete colinas’: así como la comparación con Babilonia equivalen al poder del Imperio Romano que destruyó el Templo de Jerusalén   el año 70 de nuestra era, así como como lo hicieron antes los babilonios en el año 586 antes de nuestra era.

Al  respecto del origen de este libro trascendental y de quienes fueron el  profeta o los profetas que lo escribieron , sabemos  que aunque durante mucho tiempo desde principios del Siglo II se le atribuyó a Juan el Apóstol también autor del Cuarto Evangelio, actualmente la mayoría de los investigadores consideran que no se pueden comparar  el griego bárbaro del Apocalipsis con la prosa fluida del Cuarto Evangelio;  y por tanto,  consideran el Apocalipsis como la obra de un hoy desconocido profeta que lo escribió para sus contemporáneos en torno al año 95 de nuestra era.

El autor o los autores porque también puede   haber sido la obra colectiva de una de las escuelas de pensamiento cristiano que existían en esas primeras épocas del cristianismo primitivo, evidentemente estaban profundamente influidos por la destrucción del Templo de Jerusalén que perpetró el Imperio Romano en los años 70 de Nuestra Era y como ya expresé más arriba en comparación con lo que mucho antes hicieron los del imperio Babilónico en el año 586 antes de Nuestra Era.

En este orden de pensamiento, considero muy personalmente que el Apocalipsis bien que podría considerarse una obra de testimonio y de protesta ante los crimines y las destrucciones que perpetran los imperialismos surgidos en la Historia Universal. De ahí la importancia que le confiero a su relectura y estudio en la época del Imperio yanqui que preside Mr. Trump, que como el de Babilonia y el de Roma, están llamados a desaparecer. Cuando, quizás Mr. Trump está acelerando su fin en la actualidad.

En este sentido, quiero reiterar y hacer muy mías algunas consideraciones, que sintetizo y comento con algunos aportes míos a continuación, que se plantean en el DICCIONARIO DE LA BÍBLIA de W.F. Browning, publicando por la Editorial PAIDOS de México, 1ra. Edición de 1998:

  • Las secciones más claras del Apocalipsis son los tres primeros capítulos con los mensajes a las siete iglesias de Asia Menor (1). Donde las que han permanecido firmes, reciben alabanzas (en Esmirna y Filadelfia); donde las que están fallando, son reprendidas especialmente Laodicea.

  • Los nombres se refieren a comunidades del momento y no deben ser confundidos con nombres similares de la actualidad.

  • Los lectores modernos del Apocalipsis no deben tomar literalmente lo que se profetiza, aunque en la actualidad existen cristianos fundamentalistas y conservadores (digo yo muchos de los seguidores de Mr. Trump y del Sr. Bolsonaro) para los cuales la predicción es el fin del mundo en esta generación.

  • Algunos con conceptos contradictorios para un cristiano verdadero de sentimientos guerreristas, incluso han predicho que la batalla del Harmagedón (Ap 16, 12-16) se librará con armas nucleares de destrucción masiva.

  • En las palabras del vidente autor, lo que se encuentra claramente expresado es la fe en que cada generación puede tener acceso a la salvación de Jesús, que también significará la lucha por la paz y la justicia a que estamos todos convocados.

  • El concepto apocalíptico significa muy especialmente en realidad, la esperanza ferviente de una salvación futura al final de la experiencia presente de sufrimiento y humillación nacionales.

En definitiva, en mi criterio que quiero transmitir, el pensamiento Apocalíptico que adopta la forma de literatura escatológica, puede ser utilizado por los movimientos progresistas del mundo, ya que bien puede significar una clara toma de conciencia de que somos los seres humanos los que podemos destruir nuestro planeta y la civilización conocida; y que en consecuencia, somos los seres humanos los que debemos luchar en contra de la perversidad del neoliberalismo imperialista que está destruyendo nuestro planeta. El pasado en que se escribió el Apocalipsis fueron el imperio de Babilonia y de Roma; en el presente en que estamos es el imperio del Norte Revuelto y Brutal que nos desprecia. Cuando termino de escribir este artículo circula la noticia que Mr. Trump ha amenazado a la Organización mundial de la Salud y a su Director, Un verdadero chantaje, que dice mucho de su maldad. Así lo pienso y así lo afirmo y escribo, con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Continuará.

Finalmente les reitero mi correo electrónico con el propósito de que puedan trasmitirme, criterios, opiniones y preguntas: fsmederos@gmail.com

 

1) Recuerdo que el término iglesia significa asamblea en estos casos de fieles de una determinada religión

 

Publicado en UNICORNIO Suplemento de ciencia y cultura de Por Esto! y en la Sección digital de Especiales del periódico Por Esto! de Mérida, Yucatán, México el domingo 3 de mayo del 2020.

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