3. Vicepresidentes

Ciro Bianchi Ross

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En Cuba, cuando se hablaba de la segunda posición de la República se aludía a la Alcaldía de La Habana  y no a la Vicepresidencia de la nación. El mayor capitalino, por estar donde estaba, sus influencias y poder de decisiones y, sobre todo, por el presupuesto que manejaba, era más importante que el Vicepresidente. Los atributos de este, según la Constitución de 1901,eran los de presidir el Senado, aunque no tenía derecho a voto más que en caso de empate, y sustituir temporal o definitivamente al Presidente.  Cuando en 1928 Machado hizo reformar la Carta Magna vigente, el cargo de vice desapareció de un plumazo y se traspasó al Secretario de Estado la responsabilidad de sustituir de manera interina al Primer Magistrado. La Constitución de 1940 restableció el cargo, pero no por ello le otorgó más funciones.

            Si entre 1902 y 1958 hubo en la Isla 19 mandatarios cubanos, algunos de los cuales ---Grau y Batista--- ocuparon la presidencia en más de una ocasión, y otros ---Estrada Palma, Menocal, Machado--- lo fueron por más de un periodo consecutivo, los vice suman solo doce. Machado, que hizo abolir el cargo, gobernó sin sustituto durante su segundo mandato. Tampoco lo tuvieron Alberto Herrera, Carlos Manuel de Céspedes, Grau, Carlos Hevia, Márquez Sterling, Carlos Mendieta, José Agripino Barnet  y Andrés Domingo y Morales del Castillo que ocuparon, a  provisionalmente la primera magistratura, a veces de manera relámpago, como Herrera que no llegó a las 24 horas en el cargo, y Márquez Sterling, que estuvo seis. Tampoco tuvo vice Batista en 1952, cuando accedió al poder mediante un golpe de Estado, y cuando decidió convocar a elecciones en 1954, a las que concurrió  a la postre como candidato único, dejó en la Presidencia a Andrés Domingo, secretario del Consejo de Ministros, su testaferro y hombre de confianza. 

            De los doce vicepresidentes, solo uno ---Federico Laredo Bru--- llegó a Presidente por sustitución tras el juicio político que destituyó a Miguel Mariano Gómez, en 1936. Alfredo Zayas, que fue vicepresidente con José Miguel Gómez (1909—1913) alcanzó la Presidencia, por cuatro años, en 1921.

            Entre los vicepresidentes cubanos hubo un suicida, como Luis Estévez y Romero, segundo de Estrada Palma en parte de su primer periodo. Y una figura egregia como el filósofo Enrique José Varona, que ocupó la vicepresidencia en el primer mandato de García Menocal. Domingo Méndez Capote, Emilio Núñez y Francisco Carrillo ---vicepresidentes con Estrada Palma, Menocal y Zayas, respectivamente--- provenían de las filas del Ejercito Libertador, donde llegaron a generales. Carlos de la Rosa, vicepresidente con Machado, logró solo un modesto grado militar durante la Independencia. Laredo Bru la terminó como coronel. Médico ---ginecólogo--- fue Gustavo Cuervo Rubio, segundo de Batista entre 1940 y1944. Abogados fueron Estévez y Zayas, y Raúl de Cárdenas, Alonso Pujol y Rafael Guas Inclán, vice estos tres últimos con  Grau, Prío y Batista. Varona, una de las grandes figuras de la intelectualidad cubana, no hizo estudios  superiores.

            Estévez, Méndez Capote, Emilio Núñez y Carlos de la Rosa, nacieron en Matanzas. Varona era camagüeyano, y Carrillo y Laredo, villareños. Cuervo Rubio nació en Pinar del Río, mientras que Raúl de Cárdenas, Zayas, Alonso Pujol y  Guas Inclán eran habaneros.

            Luis Estévez, inconforme con la política reeleccionista de Estrada Palma, renunció a su investidura en 1905. Se suicidó en París de un pistoletazo, el 3 febrero de 1909, justo un mes después del fallecimiento de su esposa, Marta Abreu. Varona murió en noviembre de 1933, tres meses después del derrocamiento de la dictadura de Machado, a la que tanto combatió. Cuervo Rubio murió en Miami, en un asilo de ancianos, en 1965. Al finalizar su gestión como vicepresidente, en 1940, ocupó, con Ramón Grau San Martin, la secretaría de Estado, hasta 1944. 

            Sobre Raúl de Cárdenas hay un curioso sucedido. En los años 40 se preparaba una nueva de la Enciclopedia Británica y se imponía actualizar datos de varias figuras cubanas. Enviaron sus intereses a Cuba y en La Habana investigadores del Instituto de Literatura y Lingüística recibieron la encomienda de aportar la información requerida. A  uno de ellos, Ricardo Hernández Otero, correspondió la ficha de Raúl de Cárdenas, y como poco se sabía acerca de su vida con posterioridad a 1959.Otero recurrió al directorio telefónico y para su sorpresa encontró su nombre. Marcó el número indicado y preguntó si era la casa de Raúl de Cárdenas. Como la respuesta fue afirmativa, se identificó, explicó el propósito de su llamada y empezó a preguntar. Todo muy  hasta que inquirió por la fecha de la muerte del personaje. ¿Muerte, como que muerte?, respondieron y añadieron enseguida: Yo soy Raúl de Cárdenas. Fallecería en su casa de la Avenida de los Presidentes en 1980.

            Guas Inclán era un chambelonero de  rompe y rasga. Y un jugador empedernido capaz de ganar o perder miles de pesos en una noche de casino. Es, se dice, el hombre que más duelos despidió en Cuba antes de 1959, y siguió haciéndolo en Miami. Un día le sacaron en cara su pasado machadista. Fue presidente de la Cámara de Representantes en tiempos de la dictadura de Machado y a la caída del dictador, él, su padre y su hermano tuvieron que salir de Cuba para eludir la ira popular. Se le reprochaba que, pese a sus vínculos con Machado,  hubiese seguido en la política. Dio una respuesta fenomenal. Dijo: Señores, yo acompaño a mis amigos hasta la tumba, pero nadie pretenderá que me meta en la tumba junto con ellos. En las elecciones se noviembre de 1958 fue electo Alcalde de La Habana, pero el triunfo de la Revolución lo privó de ocupar dicho cargo.  En los días en que se preparaba la invasión de Bahía de Cochinos pretendió incorporarse a la brigada mercenaria, y fue rechazado por su edad.  Tenía 65 años. Su hijo, en cambio, encontró la muerte en las arenas de Playa Girón. Guas Inclan murió en 1975, en Miami. 

            Alonso Pujol se las traía y se llevaba lo que podía. Tenía fama de ser un genio en aquella política y debió serlo de veras porque militando invariablemente en partidos de bolsillo, se las arreglaba siempre para llegar a Senador.  En los años 60 estuvo en Cuba. Buscaba información para escribir sus memorias. Falleció en 1973., en Miami.