2.   ¡Cuántos vivos andan por allí que aprovecharon a Chávez! El asunto de las canaimitas. ¡Mande jefe!

Eligio Damas .

            ¡En toda esta vaina hay mucha tela que cortar! Por donde uno se meta salta la liebre y a uno no sorprende, pese salga de golpe y no la andamos buscando, sino que el matorral esta todo lleno de ellas y espinas.

           Ser inocente, decía la gente de mi barrio en Cumaná, gente por demás inocente y buena, era una virtud. Es hasta una forma de ser como poética que a uno le viene pegada con la vida, que no se tiene que tomar el trabajo de construir, teniendo que leer tantos buenos poetas que ha habido.

           Serlo, inocente, es algo como aquello que dijo Fray Luis de León:

                           ¿Qué descansada vida

                             la del que huye el mundanal ruido

                             y sigue la escondida

                             senda por donde han ido

                             los pocos sabios que en el mundo han sido!

         Para el gran poeta renacentista, ese que uno leyó, no en academia alguna, sino allá en el Liceo Sucre de Cumaná, en el aula y en la rica biblioteca que teníamos a nuestra disposición, es un descanso y sabio eludir toda confrontación, huyendo del mundanal ruido, y, esto lo digo yo, eludir todo debate, sobre todo no teniendo nada que ganar. Pero allí está el entuerto, que uno no es “de los pocos sabios que en el mundo han sido”, como para eludir toda confrontación, hablar en parábolas o hacer sugerencias hasta inteligentes y bellamente discretas de esas que hace Britto García, como cuando habló de lo que es un intelectual o ahora mismo, este domingo, de la batalla de Carabobo. 

       Uno es de los nada sabio y ni siquiera inteligente como para “pasar agachado”, que es lo máximo que podemos hacer, para que siquiera nos vacunen. Y por eso, hace lo contrario, anda buscando vainas en las que meterse, pese uno sabe, por encima de lo bruto, que nada va a ganar y sí mucho arriesga. Por ejemplo, me acabo de enterar, por su propia palabra escrita, que a Fernando Ochoa Antich, que es opositor, pero de quienes aprendió rápido que los de la MUD no hacían sino ponerla,  le acaban de llamar o le pusieron un mensaje para que se fuese a vacunar y eso tiene que ver con el comportamiento. A mí y mi  compañera, por encima de los ochenta, nada.

       Ahorita acabo de responder un correo a un amigo que vive en el exterior, en donde me – intentaré decirlo de manera delicada por respeto a él – hizo la observación que mis críticas al gobierno dañaban a la izquierda y que debía hacerlas, acompañadas de propuestas a manera de colaborar y ayudar. Mi amigo supone que, el gobierno y sus integrantes, están abiertos, a la espera que alguien eso haga para escucharle y corregir las cosas. Que esos desprendimientos y hasta rompimientos continuos de gente de la izquierda con aquél, se derivan del capricho de mucha gente que no le gusta que le escuchen ni le tomen en cuenta.

        Cuando uno critica, por ejemplo, esa aberración, de “acataremos en definitiva lo que diga Nicolás”, que es una aberrante copia de la extrema derecha, elogiada en veces porque, según hay quienes eso piden, que lo hacen porque son de derecha, cometemos un acto de infamia y de traición.

       Pero quien escribe, más en estos tiempos donde los archivos quedan guindados en las redes, tienen la ventaja de mostrar que sus afirmaciones tienen sustento. Como que, al hablar de las canaimitas, lo que en nuestro parecer fue un diseño incompleto, pues detrás no hubo más nada significativo ni trascendente, en el que envolvieron a Chávez, no es la primera vez que lo decimos, sino que lo hicimos cuando el comandante todavía estaba vivo y a uno ni en eso le pararon.

        En la IV República, siendo un amigo nuestro Director de Educación de la gobernación del Estado Anzoátegui, bajo el gobierno regional del Dr. Ovidio González, con el apoyo de distintos factores, entre ellos la izquierda, este servidor ejercía de profesor con unas 8 horas de clase un el área rural. Estando en su despacho de visita, le anunciaron la presencia de un equipo formado por dos damas; era del conocimiento del Director, que ellas le llevaban una propuesta educativa, más que todo, consistente en la venta de un programa de aprendizaje específico, mediante la observación, análisis, comparación, lo que incluía videos y los equipos necesarios, como los emisores de aquellos(DVD)  y televisores. Además. El proyecto incluía un plan de entrenamiento a los docentes que participase en aquello.

        El director me pidió que, en su nombre, las recibiese, observase sus exposiciones y le levantase un informe. Eso hice.

        Mi informe, para decirlo de manera concisa, consistió en tres cosas:

         1.- La propuesta, considerada desde el punto de vista pedagógico era atractiva y entraba en cierto aspecto, en lo que creía debía hacerse, pero estaba limitada a estimular la observación y otros aspectos como el análisis, la comparación etc. y a contenidos específicos relacionados con el arte renacentista.

        2.- Comprarle el material que ya comenzaba a ser desecho, en vista que ya existían las computadoras, los cd, las posibilidades de bajar de internet la información y contenidos necesarios, resultaría muy costoso. 

       3.- Propuse que, a manera de experimento o ensayo, se comprasen las computadoras que el gobierno pudiera financiar, escogiésemos un número muy discreto de escuelas y dentro de estas a una o dos aulas y docentes, para impulsar un proceso de aprendizaje por esa vía, para el cual me ofrecía a colaborar en su diseño y entrenamiento del personal. Pensé que una computadora por alumno era suficiente

      Mi amigo quedó entusiasmado, pero aquello naufragó, no por él, sino porque a la clase política eso no interesaba.

       Alguien, a quien no creo educador, y si lo era, no actuó como tal, sino como promotor de venta, entusiasmó a Chávez en el programa de las canaimitas, tal como fue concebido, que todo el mundo conoce y hasta en detalle, como que los padres terminaron usándolas, para decir lo menos, para fines distintos al aprendizaje de sus hijos y de toda aquella enorme inversión no se obtuvo lo que, en gran medida pudo y debió alcanzarse si hubiese sido acompañada con un proyecto educativo, en el cual la canaimita hubiese sido un instrumento de aprendizaje de uso cotidiano en el aula.

         Con ella y el servicio de internet en la escuela, lo que para nada aumentaba el costo, al contrario, lo disminuía, porque se podía ahorrar lo correspondiente a los libros de texto, incorporando a ellas programas, contenidos y objetivos, se hubiese podido hacer, previo entrenamiento de los docentes, un trabajo de enseñanza-aprendizaje de alta calidad, donde el hacer, por parte del alumno, hubiese sido lo predominante

        Pero aquello fue manejado de otra manera. Pareció que el sólo darle a cada estudiante una canaimita, que terminó en lo que todo el mundo sabe, hasta en el negocio de papá, era una meta y un fin en sí mismo.

       Maestros como quien esto escribe, en su oportunidad advirtieron sobre aquello y pese, quienes gobiernan siempre alegan a quienes critican que hagan proposiciones, como si estuviesen prestos a escuchar siquiera, fueron ignorados.

       Chávez, no fue educador. No estaba obligado a conocer cómo sacarle provecho, desde el punto de vista del aprendizaje a aquel instrumento y hasta a menor costo, porque tampoco era necesario una máquina de aquellas para cada alumno. Pero si lo estaban quienes hacían las veces de sus especialistas en la materia y por lo visto, nadie le advirtió, salvo que sea cierto aquello que muchos han dicho, hasta de sus íntimos, que “no escucha a nadie”.

        Creo con mucha convicción que Chávez pensó aquello de lo mejor, hasta en la felicidad de poner aquel “juguete” en manos de los niños, dada la capacidad financiera del gobierno entonces; no la vio como un instrumento excelente para el aprendizaje. Lo que sí sabíamos los docentes del aula, quienes trabajamos con muchachos que no podían comprar libros, debían buscarlos prestados, para que cuatro o cinco trabajasen con uno o con textos multigrafiados que preparábamos precariamente. Para aquellos docentes de los cuales formé parte, tener esas canaimitas, aunque fuese una para 4 ò 5 muchachos, hubiese sido un sueño dorado y un instrumento soñado.

        Pero Chávez no tuvo a su lado quien de eso supiese, su ministro no lo sabía o consierò prudente “no saberlo, pese tuviese el nombre más grande que la “Tour Eiffel” y prefabricado como esta, pero sí predispuestos a decir sí a lo que fuese o aprovecharse del negocio, del cual, así lo declaro, para que no quede dudas, fue ajeno el presidente. Por eso, los críticos y quienes hacen propuestas que contradicen lo que quienes gobiernan   piensan o desean, son muy mal vistos.

       Repito, quien quiera puede buscar en mi archivo y comprobar como antes hablè de esto. Pero uno es de vidrio, estorboso y no dado a “decida usted lo que sea y cuente con mi apoyo” o como decía Cantinflas en el “Gendarme desconocido”, “Mande jefe”.