12. El Partido Demócrata Y Las Elecciones

Lorenzo Gonzalo

Sabemos cómo funciona la política partidista en Estados Unidos. Al menos Bernie Sanders la conoce perfectamente, porque fue su víctima en la selección de la candidatura demócrata para las elecciones del 2016. 

 

Cuando los indicadores señalaban como ganador a Sanders los dirigentes más importantes del Partido y los intereses más influyentes, se inclinaron por Hillary Clinton. Para complicar las cosas, las computadoras de la Convención Nacional Demócrata fueron jaqueadas. Sanders tuvo declaraciones duras al respecto. 

Conservando la poca decencia que los políticos practican con sus oponentes, a la pregunta de Kasie Hunt de NBC, si apoyaría al candidato seleccionado por la Convención, éste respondió "Algunas personas dicen que tal vez si el sistema no hubiera sido manipulado en mi contra, habría ganado la nominación". Fue un modo elegante de denunciar el amañamiento. El pobre no sabía que la nueva presidencia, erradicaría esa elegancia muchas veces hipócrita, encabezada por un pícaro callejero devenido en Presidente.

 

En la selección del candidato presidencial del 2020 ha ocurrido otro tanto. No obstante, debemos reconocer que la maniobra ha sido más sutil. De repente, cuando la balanza se inclinaba por el Senador Sanders, apareció Joe Biden como salido del sombrero de un mago, uno de los líderes tradicionales del Partido, quien para beneficio de su postulación inesperada, había sido Vicepresidente junto al primer negro Presidente en la historia de Estados Unidos.

 

De salir electo Presidente en las elecciones del próximo noviembre, Joe Biden no podrá ser más de lo mismo, aunque durante su mandato hará lo posible por presentarse como continuador de la Administración de Barack Obama, algo muy difícil dada la enorme influencia alcanzada por el sector progresista y la corriente socialista democrática dentro del Partido. 

 

En política internacional intentará acercarse al legado que Obama no pudo cumplir a cabalidad: la no injerencia en los asuntos de otros países. Para lograrlo deberá buscar un balance entre la nueva filosofía internacional próxima a un relativo cierre de fronteras, estimulada por criterios chovinistas de baja intensidad y los peligros militares de un mundo donde Rusia y China representan un gran desafío por sus exitosas políticas de extender sus fronteras de influencia. 


Desde el primer instante de su presidencia parodiará el discurso de Obama en
el Cairo y procurará poner sobre sus pies los desajustes internacionales creados por las erráticas políticas de Trump. Esperemos que la Secretaría de Estado no sea ocupada por alguien como Susan Rice quien según opinión de la institución Brooking Institute, de diciembre del 2012, “el elemento definitorio de la cosmovisión de Rice es que Estados Unidos debería poder usar su poder en todas sus formas para proteger sus intereses y defender los valores fundamentales”, esto la convierte en un personaje decimonónico dentro de la evolución comenzada en las filas del Partido Demócrata, además de tener fama de ser autoritaria y autosuficiente. 

 

Pero lo más importante para Joe Biden y a la vez difícil, será la política nacional por ser lo que más importa en la actualidad a esta juventud informada y desinformada de Estados Unidos de América. Especialmente porque se trata de una generación que se está auto politizando y abraza criterios contrarios, opuestos y novedoso, respecto a la política tradicional inaugurada tras la Independencia de esa porción del Norte de América. 


Obama demostró que las elecciones podían colocar un negro en la Presidencia, caracterizándose por predicar ideas caritativas y un cambio internacional que contradecía la política al uso. Pero su pensamiento, al menos el expresado, nunca fue cercano a reformas profundas que eventualmente condujesen a transformaciones radicales: seguro universal de salud, salarios más altos, limitación de la proporción de ingresos que puedan apropiarse los grandes empresarios y ejecutivos, en relación al salario mínimo del obrero más simple; educación gratuita, condonación de la deuda estudiantil y limitar la influencia del capital en la dirección del Estado. Esto dicho así, a calzón quitao, proviene del movimiento MoveOn, del cual Bernie es su fundador y ha sido incorporado por millones de jóvenes y personas menores de cuarenta años y muchos sexagenarios y septuagenarios, quienes han descubierto que la política conocida hasta hoy, se ha convertido en un instrumento de bajo rendimiento y un impedimento para el progreso colectivo. Con estas novedades deberá lidiar Biden si llega a la Presidencia. Por suerte, Sanders se dedicará a mirar los toros desde la barrera y actuar en ocasiones de banderillero, aunque más cerca del toro que del matador.  


Lo mejor de Bernie es que nunca llegará a Presidente, lo cual corrompe. Es mejor ser Maestro y que, un cúmulo de alumnos, se encarguen de la tarea. El Poder corrompe. A todos los corrompe de algún modo u otro. Nadie se salva. Quizás de algún modo, como un ejemplo, el caso de José Mujica en Uruguay es una de esas raras excepciones, quien mantiene el mismo estatus económico anterior a su presidencia, dedicándose humildemente a sus tareas de ciudadano. También es una excepción el nonagenario Presidente Jimmy Carter quien en sus noventas aún participaba, junto a su esposa, en la construcción de casas para gente de bajos recursos.


Estamos ante una realidad nueva, alimentada además por el famoso virus que definitivamente demanda un cambio en el sistema de salud estadounidense, lo cual favorecerá otras demandas de igual radicalidad. 
Creo que por ahí andan las cosas. No pretendo restarle importancia a Obama, quien tenía un pensamiento humanista de proyección social indefinida para quien el bien es lo importante. El problema es saber cuál es el bien. La juventud de hoy, por boca de Sanders, tiene una definición más clara del concepto, al menos eso parece mostrar el horizonte político.

Obama logró por vez primera en más de cien años, mostrar un Estados Unidos de América de cara más noble, menos agresiva, algo que Donald Trump, aun sin realizar estridentes intervenciones, echó por tierra, haciendo que los más cercanos aliados europeos, se conviertan en potenciales enemigos o acervos críticos que laboran para desprenderse del paternalismo estadounidense.

Biden quizás recupere parcialmente para el país, ese estatus internacional, aunque nunca será semejante al alcanzado en los setenta años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Pero sin dudas, las mayores dificultades estarán dadas en el desempeño de la política nacional.

 

Para compensarlas escogió a Kamala Harris, una continuadora en pequeña escala de Bernie Sanders. 

 

Si sale Presidente, “digo si sale”, como hubiese dicho Cesar Vallejo, veremos hasta dónde pueden desatarse los torrentes, cuando la embriaguez de un relativo triunfo enardezca las nuevas corrientes, incluyendo el espíritu de los representantes y senadores recién electos, que no fueron ni son, parte del “establisnment”.

© APICALTERNATIVA- Año: 2020- Revista:  Septiembre 2020